La historia desde el contexto de relatividad, no puede ser acatada como una realidad absoluta; se trata solo de la versión de quienes la dejaron por escrito y de quienes la interpretaron. Nos han enseñado a aceptar el pasado como algo indiscutible, sostenido sobre certezas que a menudo son incompletas. Durante siglos, la crónica oficial ha sido filtrada por la ciencia absolutista y por las creencias de índole patriarcal y religiosa, borrando los matices y ensombreciendo las múltiples miradas de una misma escena. En este relato sesgado, la mujer ha sido la figura más perjudicada, relegada al silencio junto a los perdedores de cada batalla.
Cuando un episodio del pasado me atrae, no me quedo con la versión oficial. Me sumerjo en la investigación, indago, contrasto, filtro y reorganizo las evidencias para ponerme en la piel de quienes nunca tuvieron el protagonismo. También me sumerjo en mi misma, en ese profundo sentir que al ponerle palabras recobra vida.
Mi compromiso como autora no es repetir el mito, sino iluminar sus fragmentos, devolver la voz a los olvidados y rescatar la verdad que habita en las sombras del tiempo. En definitiva, escribo ficción histórica para desenterrar lo que la historia oficial no nombra.
